Anoche volví a soñar con vos.
Soñé con vos.
Trabajabas con niños en un salón,
en una escuela.
Niños de entre nueve, ocho y once años,
más nueve.
Y te veía súper feliz.
Eras psicólogo,
pero trabajabas de maestro,
enseñándole a tantos niños.
Te seguían, los animabas...
estaban haciendo una obra.
Todavía sigo sintiendo llamados.
Lo siento en el pecho.
De día, cuando me levanto,
también siento eso en el pecho,
pero ya no me gustan.
No me gustan tus llamados,
tus llamados telepáticos.
Me hacen daño.
Me llegan frases,
me llegan mensajes,
como si fueran pensamientos tuyos.
Algo parecido a "Creo" de Fito.
En el día me levanto y quiero ser feliz.
Solamente quiero vivir mi vida,
seguir como estaba hace tres semanas,
antes de que escribieras.
Me despierto, y me concentro en mi vida.
Entonces empiezo a hacer lo que hago siempre:
levantarme,
agradecer por mi vida,
sentirme contenta por mi trabajo,
valorar los mates,
charlar con mi hijo,
enojarme con el gato que se come la planta,
acariciar a la más chiquita,
darle de comer a la paloma caída del nido,
bañarme, peinarme,
hacer mi rutina de cremas en la cara,
sentirme contenta por el aparato nuevo,
ser feliz porque estamos a 17
y ya tengo el dinero del alquiler.
Y entonces pasa el día.
Salgo al balcón,
tomo unos mates,
me hidrato de sol.
Pienso: necesito el sol como agua,
como si cada rayo fuese un chorro dorado
del que tuviera que beber.
Y entonces, cada tanto, hay flashes.
Me siguen.
Y aparecés vos, como flashes de sacudidas en el pecho.
Vos,
como si fueras un escarabajo que emerge de la arena,
como si aparecieras
y te volvieras a esconder.
Después llega la noche.
Y el escarabajo sale, busca humedad,
come de lo vivo, busca clorofila,
mira la luna, se sienta conmigo a cantar,
le presento a mi grupo de amigos,
se sienta en la sala de terapia,
todo negro, brillante, bien galardonado.
Y después se vuelve a meter en la tierra.
Yo lo acerco hasta la vereda
y él sigue solito dos cuadras,
derechito al parque.
Cada minuto que pasa actúo activamente en desprenderte de mí.
Seguramente a vos te sale mejor,
porque ya lo hiciste varias veces,
estás acostumbrado,
y tampoco es la primera vez que tengo que hacerlo con vos.
Estoy tranquila porque siempre lo logro.
Y siempre logro desprenderme de vos...
pero esta vez es distinto, es mejor,
porque me despido con amor.
Las palabras ácidas eran necesarias.
Las dije para mí. Para vos, pero más para mí.
Trabajás con mentes, seguro entendés.
Y las dulces te las dejo acá.
Podés tomarlas cuando quieras,
venir a sacar alguno de tus caramelos cuando gustes,
no tengo por qué enterarme.
Me gusta dejar las ventanas abiertas de mi casa,
aunque yo ya no esté en ella.
Vas a encontrar provisiones para seguir tu viaje.
Hasta que ya no quede más.
P.Bian🌸
